sábado, 23 de noviembre de 2013

El efecto de la crisis en la juventud española: Más allá de la "alegre" juventud



La Fundación Pfizer ha publicado un Informe con los resultados del Estudio de opiniones, actitudes y expectativas vitales de la juventud española. Este estudio pretende conocer las opiniones, actitudes y la situación vital de los jóvenes españoles entre 15 y 32 años, así como analizar la visión retrospectiva, la toma de decisiones y expectativas vitales y profesionales de tres grupos de edad.

Según los resultados del estudio, realizado mediante una entrevista telefónica a 1.412 jóvenes españoles de entre 15 y 32 años, uno de cada cuatro jóvenes españoles no está satisfecho con su vida actual. Además, su mayor preocupación es el desempleo, y más del 60% piensan que la crisis les está afectando mucho, tanto a nivel personal como familiar.

En concreto, los jóvenes consideran que los efectos de la crisis les están afectando “mucho o bastante” a su estado de ánimo (43,4%), a la convivencia familiar (27,6%) a su relación con amigos y compañeros (23%), a su relación de pareja (21%) y a la propia salud (16,8%).

En cuanto al estado de ánimo, los grupos de población más afectados son los jóvenes mayores de 23 años y los desempleados, de los cuales el 66% afirman sentirse peor anímicamente debido a la situación vital.

Sin embargo, la mayoría de los encuestados se muestra optimista cuando piensa en su futuro. Siete de cada diez jóvenes piensan que su vida mejorará en los próximos años. Esta visión optimista se da, especialmente, entre los jóvenes de 23 a 26 años, y entre quienes están sin trabajo, que tienen la expectativa de encontrar empleo y de disponer de más ingresos en un futuro.

Si se les pregunta respecto a las expectativas que tienen para los próximos doce meses, el 40% de los jóvenes que actualmente tienen trabajo, tienen miedo a perder su empleo, y aproximadamente el 50% de quienes buscan trabajo ve poco o nada probable encontrarlo en este tiempo.

Por otra parte, el estudio demuestra que los jóvenes otorgan gran importancia a valores como la tolerancia, la honradez y la responsabilidad, por encima de otros como la disposición a “trabajar duro” y la competitividad.

www.infocop.es

lunes, 7 de octubre de 2013

La importancia de la atención psicológica




Desgraciadamente nuestro sistema público de Salud destina una cantidad de recursos ínfima a la salud mental y especialmente a la atención psicológica desarrollada por psicólogos.

Esto produce que relativamente poca gente haya tenido contacto profesional con algún psicólogo/a a lo largo de su vida, cuando seguramente este contacto hubiera conseguido enfrentar con mejores garantías los problemas emocionales y crisis vitales que todos sufrimos en algún momento de nuestra vida.

Los psicólogos no sólo realizamos terapia para problemas psicológicos o emocionales. El campo de actuación de la psicología es mucho mayor. Porque no todo en la vida es psicológico (aunque a veces los psicólogos nos creamos esto) las personas tenemos además problemas reales que nos pueden producir dificultades emocionales normales y que pueden enfocarse de mejor manera con la orientación y asesoramiento psicológico oportuno.

Aunque cada vez menor, sigue estando en el imaginario colectivo de la sociedad un cierto concepto peyorativo hacia las personas que recurren al apoyo psicológico, tachándolas de "locos" o "débiles mentales". Sin embargo poco a poco este prejuicio se va disolviendo entre las generaciones más jóvenes que ya reconocen este servicio como uno más dentro del campo de salud.

Un asesoramiento psicológico de calidad nos puede dar claves para mejorar nuestro estado emocional y nuestras relaciones con las personas. Pero también a veces nos hace reflexionar sobre aspectos de nuestra vida que tenemos ocultos y que nos producen un malestar que es bueno enfrentar, resolver y en todo caso reflexionar sobre ello.

La terapia psicológica nos hace reflexionar sobre aspectos personales con una intensidad y claridad que no es posible sin la guía de un terapeuta. Esta reflexión por sí misma muchas veces es suficiente para la resolución de muchos problemas. Aunque en otras ocasiones además de esta necesaria reflexión hay que guiar a la persona de una manera más cercana y aportarle las herramientas necesarias para mejorar o solucionar la dificultad psicológica que originó su malestar.

De una manera u otra la atención psicológica nos puede ayudar en muchos momentos de nuestra vida. Sería muy necesario que los que dirigen los sistemas de salud públicos fueran cada más conscientes de esta necesidad e igual que existe el médico de atención primaria se fortaleciera el papel de la atención psicológica en los centros de salud y unidades de atención primaria.

lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Es necesario poner límites a nuestr@s hij@s? ¿Sí o no?



Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñen de manera consensuada en el día a día los padres. En cuestión de relativamente poco tiempo hemos pasado de ser educados desde un modelo extremadamente autoritario, con normas y límites exagerados, a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a traumatizar a nuestros hijos. Y seguramente como muchos padres dicen desde el sentido común, que ni lo de antes ni lo de ahora. Porque verdaderamente ambos modelos de educación han fracasado. El primero por coartar el desarrollo normal de los niños y el segundo por no controlar conductas que desembocarán en problemas para los propios niños en su desarrollo futuro.

Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.  Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.

Es normal que hoy en día los padres nos sintamos perdidos en las pautas educativas que debemos darles a nuestros hijos. Es la primera vez en la historia en que el ser humano reflexiona un poco sobre este aspecto. Antes se hacía "lo que se podía" y ya está. No había elección. Y la verdad es que en algunos casos no les iba tan mal. Y sobre este aspecto también deberemos reflexionar. Nuestras pautas educativas van desde lo que recordamos haber visto a nuestros padres, hasta lo que nos insinúan los medios comunicación, pasando por lo que vemos hacer a otros padres. El producto de esta amalgama de cosas hace que no seamos coherentes en las normas y educación de nuestros hij@s. Desgraciadamente no estamos consiguiendo crear un modelo básico de actuación que sea compartido por gran parte de la sociedad.


¿Y por qué no conseguimos esa coherencia en las normas? ¿por que nos resulta tan complicado? 

El primer gran error: Tenemos miedo a que nuestros hijos no nos quieran, o no nos quieran lo suficiente.
Y el temor a este aspecto hace que colapsemos y fracasemos en muchas de las normas que queremos aplicar por temor a no conseguir el "amor" absoluto de nuestro hijos. 
El cariño de nuestros hijos no se suplica ni se ruega. Lo tenemos por la propia convivencia y por el cariño que les transmitimos diariamente, no por la indulgencia hacia las normas.

Segundo error: Si somos "muy duros" les crearemos un trauma que les marcará para el resto de sus vidas. 
Si usted tortura con grilletes a su niño en un calabozo a pan y agua posiblemente le cree un trauma. Pero no lo hará si le manda a dormir a las 21,30 horas a su cama.

Tercer error: No soportamos que nos vean como padres "ogros", rígidos o autoritarios. 
En primer lugar decirles que seguramente el resto de padres no piensen en ustedes tanto como les parece. Siento descubrirles que no sean el centro del mundo. Y en segundo lugar la educación de su hijo la marca usted no los padres con los que comparte su tiempo libre.

Cuarto error: Como estoy poco tiempo con mi hijo, debo ser muy cariñoso y no enfrentarme a él para contrarrestar esta carencia.
Es cierto que deberá ser cariñoso, muy cariñoso, pero no confunda eso con la indulgencia a las normas. Su hijo no lo querrá más porque le deje hacer todo lo que quiere.

Quinto error: Decir NO cuesta mucho, es mejor decirles que SI, "ya sufrirán cuando sean mayores"
La frustración como todas las emociones es bueno que aparezcan de manera sistemática y moderada en la educación de su hijo. Si no lo hace usted la sociedad lo hará y seguramente con mucho menos miramiento y con peores repercusiones para él/ella.

Sexto error: No soportamos el conflicto, que nos ponga mala cara. Podemos pensar equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que nos ayuden en la convivencia.
La educación y las normas son esenciales para el desarrollo y maduración de los niños. Y eso a veces supone enfrentarnos a los deseos primarios que puedan tener, pero es imprescindible marcar líneas rojas que no se traspasen para que sepan hasta dónde se puede y no se puede llegar.




Los límites y las normas coherentes y consistentes son esenciales para el desarrollo madurativo y emocional de los niñ@s.


A continuación vamos a describir algunas pautas generales para la aplicación de los límites:

  • A la hora de poner límites es muy importante el cariño.  Y después mucho más cariño. 
  • Las normas y los límites no deben ser extrañas, dejar guiarnos por el sentido común. Posiblemente no sea adecuado ni normal que nuestr@ hij@ de 4 años friegue los platos, pero seguramente sí acostumbrarlo a que recoja sus cubiertos. Quizás no sea normal que se acueste a las 7, pero tampoco que lo haga a las 12 si se debe levantar antes de las 8 de la mañana.
  • La consistencia en la norma y el límite debe ser extrema. Sobretodo al principio. No podemos pretender que nuestr@ hij@ no se acueste en nuestra cama si habitualmente se lo dejamos hacer. Ellos harán lo que les dejemos. Pero luego no les podemos reprochar nada. Si queremos que algo se cumpla lo debemos indicar siempre y sin excepciones.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociale

martes, 17 de septiembre de 2013

Los sentimientos en el desempleo: La indefensión aprendida

Tomar conciencia de las dificultades que se presentan es una buena forma de controlar la ansiedad ante el desempleo.

Cuando la persona desempleada percibe que, independientemente de los CV que envíe semanalmente a infinidad de empresas, de los cursos de formación que realice para mejorar su cualificación mientras consiga trabajo, independientemente de las entrevistas de trabajo que le dejen buen sabor de boca… nada depende de él; genera una percepción de ausencia total de control sobre el resultado de la situación.

Si además, la persona desempleada es constantemente expuesta a acontecimientos negativos y situaciones estresantes que no puede controlar (que no le concedan una ayuda económica que había solicitado, que no le seleccionen para un trabajo en el que había puesto todas sus esperanzas, un gasto imprevisto y elevado que le obligan a realizar debido a una nueva ordenanza municipal, etc.), el mensaje psicológico que la persona traduce de todo ello es: ¡Haga lo que haga, no sirve de nada. No puedo evitar lo que me pasa.'

Si la percepción de indefensión se prolonga en el tiempo, la persona desesperanzada aprende que responder es inútil; que no sirve para nada. Progresivamente va aprendiendo a tolerar este estado, permaneciendo inmóvil, casi inerte, y con menos ganas de hacer un mínimo esfuerzo por huir de la tortura de situación a la que está siendo sometido. Aprende a comportarse pasivamente, porque de no servir para nada; ¿para qué seguir intentándolo?

Por ello, las personas que llevan largo tiempo en situación de desempleo pueden fácilmente pasar a este estado de indefensión aprendida, ampliamente correlacionado con la depresión clínica y con otros trastornos del estado de ánimo.

Si la tensión psicológica que mantiene puede hacer que la persona se desaliente y resigne, abandonando el proceso de búsqueda activa de empleo y lo que podría ser aún más grave; si el estrés se agudiza y prolonga en el tiempo, entrarán en fase de agotamiento; ocasionando respuestas psicosomáticas relativamente estables.

¿Cómo combatir los sentimientos negativos que provoca el desempleo?:

Es importante partir del hecho y entender que nuestro esfuerzo en la búsqueda y consecución de empleo va a tener unas bajas probabilidades de éxito en este momento. Pero partiendo de este hecho y conociéndolo podemos poner en marcha una serie de estrategias que aminoren la sensación de indefensión inevitable que este hecho nos produce.

Para no ser presas de la indefensión aprendida, os proponemos una serie de medidas que os pueden resultar útiles para mantener o recuperar la sensación de control:

  • Toma conciencia: Analiza las dificultades que se te presentan en esta nueva situación, una por una, sin generalizar o dramatizar, para poder ver las posibilidades y los esfuerzos que debes realizar para enfrentarte a ellas.
  • Expresa los sentimientos negativos: Es saludable expresar las emociones negativas de rabia, impotencia o miedo con nuestros allegados. El hecho de contar con apoyo social y percibirlo como tal, nos puede ayudar a canalizar nuestros sentimientos y nos sirve de válvula de escape. Sin embargo, no podemos anclarnos en este mecanismo; tras expresar y aliviar nuestra sobrecarga emocional, es necesario comenzar a poner soluciones. Reservar nuestra energía emocional para el afrontamiento activo.
  • Realizar una planificación económica: Detallar mensual o semanalmente, todos los gastos fijos que existen y todos los ingresos de los que se vaya a disponer, y tomar decisiones sobre la distribución de los mismos. También comenzar a valorar nuevas alternativas como, por ejemplo, actividades de ocio gratuitas o más baratas.
  • Desarrollar una agenda como jornada laboral: Para sentir que tenemos el control de nuestra vida cotidiana, es recomendable crear rutinas de actividad; organizar nuestro día o semana dedicando unas horas para la búsqueda de empleo, otras para la formación, crear hábitos saludables (deporte, relajación…) ES FUNDAMENTAL NO CAER EN LA INACTIVIDAD.
  • Comprender y aprender a manejar los síntomas negativos que pueden asaltarnos al estar desempleados: Tristeza, depresión, ansiedad, sensación de soledad… Conociendo los riesgos psicológicos que pueden asaltarnos, seremos capaces de afrontarlos mejor. Identificar los pensamientos negativos que pueden amenazar nuestra estabilidad emocional, saber pararlos y poner en marcha planes conductuales que bloqueen su efecto.

Información extraida de: http://www.mundopsicologos.com

viernes, 13 de septiembre de 2013

La ansiedad por separación, una emoción común ante el regreso a las aulas

Algunos niños padecen un pánico irracional a abandonar el hogar, y asistir a la escuela les produce estrés y ansiedad. Se trata de una conducta bien estudiada, que puede superarse con unas sencillas pautas o con ayuda de un profesional.




Para la mayoría de niños ir al colegio es una experiencia agradable e incluso emocionante. No obstante, el miedo a asistir a clase puede producirse en cualquier momento de la vida escolar. Se ha observado que es más común entre los 5 y los 11 años, aunque sucede con menor frecuencia entre los 7 y los 11 años. Coincide con el momento en el cual los niños cambian de ciclo y se enfrentan a nuevos retos, razón por la cual puede aparecer este problema.

Es típico que el miedo a volver a la escuela aparezca tras un tiempo prolongado en el cual el niño ha permanecido mucho tiempo en casa, o muy apegado a un familiar (vacaciones de verano, fiestas de Navidad o periodos similares). Además, se sabe que este problema es más típico en alumnos que están afrontando algún cambio importante en la vida: nueva casa, nuevo colegio o incluso el fallecimiento de un ser querido.

Signos de alerta:

  • Tu hijo puede encontrarse en esta situación si observas algunos de estos comportamientos:
  • Demuestra un apego excesivo hacia uno de los padres (o a ambos).
  • Siente temor al quedarse solo en una habitación o tiene pánico a la oscuridad.
  • Teme de un modo irracional que a sus padres pueda pasarles algo.
  • Tiene dificultad para conciliar el sueño, o presenta pesadillas y terrores nocturnos.
  • Muestra un miedo exagerado a los animales.
  • Tiene excesivo miedo a que entren ladrones en casa.
  • Tiene rabietas severas cuando se le obliga a ir a la escuela.
  • Se queja de dolores de cabeza, de garganta o de estómago justo antes de ir a la escuela. La enfermedad mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente, de nuevo, cuando debe ir al colegio.
  • Se niega por completo a salir de casa . Si el pánico surge al dejar el hogar, y no al salir de clase, el niño recuperará la tranquilidad una vez que está en clase.

Los temores expuestos son muy comunes entre los niños que padecen ansiedad a estar separados de sus padres.

Ten presente que la resistencia de tu hijo a que te vayas es un signo bueno que indica que se ha producido un apego saludable entre tú y él. Al final, tu hijo logrará recordar que cuando te vas siempre vuelves, y eso será suficiente para que se quede tranquilo mientras estás fuera. Esto también permite que los niños desarrollen habilidades de afrontamiento y una cierta independencia.
Estrategias para facilitar las despedidas

A continuación se definen una serie de estrategias para ayudar a los niños y a los padres a atravesar el díficil momento de separarse:

  • Elegir el momento adecuado. Si es posible, intenta que tu hijo no empiece la guardería entre los 8 meses y el primer año de edad, que es cuando es más probable que aparezca la ansiedad de separación por primera vez. Además intenta no separarte de tu hijo cuando éste pueda estar cansado, con hambre o nervioso. Si es posible, programa el momento de tu partida después de las siestas y las comidas.
  • Practicar. Haz prácticas con tu hijo para separarte de él y para que vaya conociendo poco a poco a las personas y los lugares nuevos. Si piensas dejarlo al cuidado de un familiar u otra persona, invitala antes para que paséis un tiempo juntos mientras estés presente. Si tu hijo va a empezar a ir a una nueva guardería o colegio, visitad el lugar juntos unas cuantas veces antes de dejarlo durante todo el horario completo. Practica dejándolo con un cuidador durante cortos períodos de tiempo, para que pueda acostumbrarse a estar separado de ti.
  • Transmite tranquilidad y sé coherente. Crea un ritual para irte, de modo que puedas despedirte de un modo agradable, amoroso y sin vacilaciones. Transmite tu hijo serenidad y confianza. Tranquilízalo comunicándole que vas a volver y explícale cuánto tardarás en regresar con conceptos que tu hijo pueda entender (por ejemplo, después de comer), porque todavía no puede comprender la noción del tiempo. Concédele toda tu atención al despedirte, y cuando digas que te vas, hazlo; si vuelves, sólo empeorarás las cosas.
  • Cumple tus promesas. Es importante que regreses en el momento en que le has prometido hacerlo. Esto es esencial; de esta manera, tu hijo desarrollará la confianza de que puede afrontar ese tiempo de separación.
  • Por muy difícil que te resulte separarte de tu hijo cuando éste llora y grita llamándote, es importante que confíe en que la persona que lo cuida podrá hacerse cargo de la situación. Puede ser de ayuda para ti y el niño que establezcas una hora a la que llamará para comprobar que todo va bien, quizá entre unos 15 y 20 minutos después de haberte ido. En ese tiempo, la mayoría de los niños ya se habrán calmado y estarán jugando con otras cosas. ¡No te permitas ceder enseguida ni llamar antes de lo programado!

Si aún con estas estrategias, el miedo persiste, es el momento de acudir a un profesional de la salud mental. Los efectos potenciales a largo plazo pueden ser muy serios para un niño si no recibe ayuda profesional. Por ejemplo, puede tener problemas escolares y sociales, y una vez en la edad adulta podría sufrir ansiedad y desorden de pánico.

En la consulta, normalmente el profesional desarrollará un plan personalizado para hacer regresar de inmediato al niño a la escuela y a otras actividades cotidianas. Los casos de niños mayores o de adolescentes que se niegan a ir a la escuela pueden ser más graves, y es probable que requieran un tratamiento intensivo. Lo más importante es tener presente que el miedo irracional y el pánico de dejar la casa o los padres pueden tratarse con éxito.

Fuente: American Academy of Child and Adolescent Psychiatry

Los niños que hacen más deporte manejan mejor el estrés y la ansiedad

Los niños con un mayor nivel de actividad física gestionan mejor las situaciones estresantes, según un estudio norteamericano. Además, les ayuda a prevenir síntomas de depresión y, en general, a sentirse mejor.


Un nuevo estudio desarrollado por especialistas norteamericanos confirma los beneficios de realizar deporte ya desde una edad muy temprana. A las ventajas para la salud física, ya conocidas, ahora hay que añadir las ventajas para la mente y el estado anímico.

El estudio analizó la conducta de 258 niños de ocho años de ambos sexos, con diferentes niveles de actividad física a lo largo del día. Los especialistas de distintas universidades de Estados Unidos midieron los niveles de cortisol de cada individuo, es decir, la hormona que el cuerpo libera como respuesta cuando se somete al estrés, ya sea físico o mental. En cierta forma, sirve como medida de este. La medición se llevó a cabo mediante unos dispositivos que los niños llevaban en la muñeca.

Las observaciones eran bastante claras. En situaciones de calma, como por ejemplo en el hogar, todos los niños tenían un nivel de cortisol parecido. Sin embargo, cuando se sometían a situaciones estresantes, los que se habían mantenido más inactivos presentaban cantidades inusualmente elevadas. Sin embargo, los que practicaban el esfuerzo físico con regularidad apenas presentaban un pequeño incremento en el volumen de esta hormona.

Los investigadores han publicado las conclusiones en el prestigioso boletín Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, y consideran concluyente que los niños que hacen más deporte manejan mejor el estrés y la ansiedad .

Las conclusiones han sido incluso respaldadas por especialistas que, en principio, no tomaron parte en el estudio. Sin embargo, algunos doctores han recordado que hay otros factores que deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar las conclusiones. Por ejemplo, la ingesta de azúcar también se asocia a un incremento de cortisol. Además, los dispositivos empleados en la investigación no medían con precisión el esfuerzo en ciertas actividades como el ciclismo o la natación. Finalmente, algunos doctores señalan que el nivel de cortisol puede ser simplemente “una respuesta adecuada a ese organismo en particular”.

Hasta cierto punto, muchos médicos consideran “normal” que los niños que hacen más deporte tengan más tendencia a permanecer relajados. Aun así, calculan que el 30 % de los niños no practica la cantidad recomendada de ejercicio (una hora diaria) , a pesar de que todos ellos han recibido clases de educación física.

Sí parece de sobra demostrado que los niños físicamente más activos, en general, tienen mejor humor y, estadísticamente, son los que menos síntomas de depresión presentan.

Fuente: New York Times

miércoles, 3 de abril de 2013

Los desahucios provocan graves consecuencias psicológicas

El análisis de los datos recogidos en un estudio, asemeja la vivencia de un desahucio a una montaña rusa emocional, que va desde la alegría del momento de ver aprobada la hipoteca, hasta la preocupación por la pérdida de un empleo, la sorpresa ante las primeras cartas del banco, la rabia ante las primeras amenazas y el pánico al desalojo inminente. También se identifican sentimientos de vergüenza, culpabilidad, tristeza, ansiedad, desánimo y abatimiento, en un proceso en el que lo desconocido e inesperado del curso de sucesos, multiplican la intensidad de la experiencia. 




Según los resultados, todos los participantes presentaron cuadros de Trastorno por Estrés Postraumático, caracterizado por rememoraciones de la situación amenazante, ansiedad, miedo, impotencia, problemas de sueño, sentimientos de ruptura o alejamiento en sus relaciones personales y otras repercusiones negativas en su vida personal, social o profesional. Se identificaron, también, tres casos extremos con un colapso emocional grave y una visión extremadamente negativa del mundo.

En cuanto a los impactos más importantes que se han identificado al final del proceso, son: problemas de salud, cambios en las prioridades de la vida, cambios en la percepción personal, cambios en hábitos y rutinas, han cambiado el círculo de amistades, se sienten frustrados, la experiencia les ha resultado alienante, ha disminuido la capacidad de actuar frente a los problemas y se les ha derrumbado la forma en la que veían el mundo.

La investigación analiza también el papel de los agentes que influyen y participan en todo el proceso, y concluye que los afectados no encuentran apoyo ni ayudas para salir de su situación en casi ninguno de estos agentes: bancos, entorno laboral e incluso en ocasiones el entorno personal tampoco ayuda al afectado. Algunos organismos sociales (como por ejemplo, Cáritas o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) son los que sirven de ayuda y dan esperanza a los afectados, ofreciéndoles información, consejo jurídico, apoyo económico o ayudas alimentarias. 




El estudio concluye que uno de los principales obstáculos para poder paliar los efectos psicológicos en los que deriva todo este proceso es la falta de ayuda temprana. De esta forma, la clave para prevenir las situaciones extremas que se producen, es intervenir desde el inicio del proceso, informando y ayudando, ya que cuando los afectados solicitan apoyo, ya están en una situación económica y emocional muy deteriorada, lo que les provoca una incapacidad para tomar decisiones y encontrar salidas a su situación, y agrava más el problema, haciendo que en muchas ocasiones se tomen medidas poco adecuadas o incluso desesperadas (como el suicidio).

Para consultar el informe completo: Investigación sobre desahucios

Fuente: www.infocop.es

viernes, 4 de enero de 2013

La Terapia Cognitivo-Conductual es más eficaz y eficiente que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y depresión

Tal y como recogen diversos medios estos días, los problemas de ansiedad y depresión constituyen uno de los principales motivos de consulta en Atención Primaria. La situación actual de crisis económica ha agravado notablemente la prevalencia de estos trastornos, de tal manera que los expertos advierten que en el 2020 constituirán la primera causa de discapacidad en el mundo.

Recientemente, en el marco de un congreso nacional sobre ansiedad y trastornos comórbidos, profesionales de la medicina han reconocido que los tratamientos farmacológicos actuales resultan insatisfactorios en estos casos, ya que sólo son efectivos en la mitad de los pacientes y su administración no elimina cierta patología residual que se mantiene en el tiempo.



En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso.

Además de reducir los síntomas de ansiedad y depresión y mantener estos cambios terapéuticos a largo plazo, el tratamiento psicológico proporciona otros beneficios en comparación con el tratamiento farmacológico, tales como unamayor adherencia al tratamiento, una disminución significativa del riesgo de recaídas y una elevada tasa de recuperación(es decir, a diferencia de los fármacos, no deja ninguna "patología residual"), evitando la cronificación del trastorno y disminuyendo, consiguientemente, el número de visitas al médico y los días de hospitalización.

De hecho, las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica, tanto internacionales como nacionales (como la del National Institute for Health and Clinical Excellence –NICE-), recomiendan la terapia cognitivo-conductual como el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, el trastorno de angustia, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias específicas.

Asimismo, el tratamiento psicológico es aconsejable por encima del farmacológico cuando el problema de salud mental que presenta el paciente está complicado por otras condiciones médicas, como abuso de alcohol o drogas, o problemas crónicos de salud física, así como en el caso de niños, adolescentes y mujeres embarazadas, debido al riesgo elevado para la salud que supone el consumo de psicofármacos en estos grupos de pacientes. Sólo en los casos severos se recomienda el uso de medicación, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual, e informando al paciente sobre los objetivos terapéuticos, la duración del tratamiento farmacológico, los posibles efectos secundarios y los riesgos que conlleva una interrupción brusca de la medicación.

Por todos estos motivos, numerosos organismos competentes en materia de salud -como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE) o la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH)- señalan las ventajas económicas y psicosociales de la implementación de terapias psicológicas en los servicios de Atención Primaria, así como la necesidad de los ciudadanos de recibir otro tipo de atención sanitaria menos medicalizada, más humanizada y, sobre todo, más ajustada a sus necesidades.

Como ejemplo práctico, esta estrategia ya se ha puesto en marcha con éxito en el Reino Unido, que ha incorporado a más de 5.000 psicólogos en los servicios de Atención Primaria para ofrecer tratamiento psicológico basado en la evidencia y cubrir la demanda asistencial que requieren los problemas de ansiedad y depresión. Los informes y estudios publicados muestran el éxito de esta estrategia de actuación frente al abordaje farmacológico tradicional, así como la gran satisfacción manifestada por parte de los usuarios de los servicios de salud de ese país.

Sin embargo, a pesar del respaldo científico que avala la terapia cognitivo-conductual, en nuestro país, el modelo asistencial que impera en salud mental, excesivamente medicalizado y biologicista, así como el escaso número de profesionales de psicología en el sistema sanitario, impiden el acceso al mejor tratamiento posible para las personas afectadas de estos problemas.

En el marco del congreso sobre ansiedad y trastornos comórbidos mencionado anteriormente, los profesionales de la medicina manifestaron su inclinación a tratar estos problemas con unos fármacos de reciente aparición (denominados "duales"), otros nuevos antidepresivos e, incluso, anticonvulsivos, dado que la terapia psicológica es un artículo de "lujo" y que no parece que nuestro modelo sanitario siga el camino de incorporar, como recomiendan los organismos internacionales, más psicólogos en el sistema sanitario.

Esta insistencia en anclarse en un modelo de intervención -el farmacológico- que ha demostrado no ser el mejor tratamiento disponible, cuestiona gravemente la calidad asistencial que se ofrece a los ciudadanos. Las decisiones clínicas deberían ir encaminadas, no necesariamente hacia la medicalización, sino hacia la respuesta terapéutica que, sobre la base de la evidencia empírica, haya demostrado una mayor eficacia y eficiencia.

La tendencia a recetar fármacos de manera abusiva (a pesar de sus efectos secundarios, de su dudosa eficacia para el tratamiento de algunas dolencias y del elevado coste económico que suponen), tiene serias repercusiones que transcienden al ámbito personal o social. A este respecto, Infocop ha publicado recientemente una serie de artículos, en los que diferentes investigadores reflexionan sobre la verdadera eficacia de los antidepresivos, los efectos nocivos de la administración de psicofármacos a la largo plazo, la dudosa validez de la teoría que reduce la explicación de los trastornos mentales a simples desequilibrios bioquímicos y sobre los intereses económicos de la industria farmacéutica en perpetuar estos modelos de actuación en salud mental.

Fuente: www.infocop.es

La caída del mito de los antidepresivos

Irving Kirsch y su equipo de investigación, al que Infocop tuvo la ocasión de entrevistar hace un par de años (ver entrevista aquí), han sido los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que ha puesto en tela de juicio la eficacia de los antidepresivos y que ha revolucionado la interpretación de los resultados de la literatura científica en depresión, cuestionando seriamente los modelos de enfermedad mental y la práctica médica habitual, basada exclusivamente en la intervención farmacológica para este tipo de pacientes.

Irving Kirsch en su libro; The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth (Los fármacos nuevos del emperador: destruyendo del mito de los antidepresivos), describe sus quince años de investigación a través de los que ha tratado de responder a una cuestión fundamental: si los antidepresivos realmente funcionan.




Su línea de investigación se centró inicialmente en el análisis del efecto de los placebos. Tras revisar, en 1995, 38 ensayos clínicos publicados en revistas científicas, donde se comparaba el efecto de los antidepresivos frente a placebos o el efecto de la psicoterapia frente a la ausencia de tratamiento en la depresión, sus resultados mostraron una mejoría de todos los pacientes, incluso en aquellos casos en los que no habían recibido ningún tipo de intervención. No obstante, encontró que los placebos resultaron ser tres veces más eficaces que la ausencia de tratamiento, cuestión que no le sorprendió especialmente. Lo que sí captó su interés fue el hecho de que los antidepresivos "sólo eran un poco mejores" que los placebos, que alcanzaban un nivel de eficacia del 75%. A partir de ahí, Kirsch comenzó su línea de investigación, para hacerla más robusta, completa y estandarizada, incluyendo los ensayos controlados que las compañías farmacéuticas (que son las que patrocinan este tipo de estudios sobre eficacia de los psicofármacos) no llegaban a publicar, a los que accedió gracias a la Ley de Libertad de Información que impera en el Reino Unido. De esta manera, consiguió acceder a los datos de un total de 46 estudios controlados, lo que demostró que el nivel de eficacia de los placebos era todavía superior con relación al primer hallazgo: los placebos alcanzaron un nivel de eficacia del 82% respecto a los antidepresivos en el tratamiento de la depresión, diferencia que no era clínicamente significativa.

A partir de aquí Kirsch intentó buscar una explicación a estos sorprendentes resultados, con el objetivo de investigar si esta pequeña diferencia observada en la eficacia del antidepresivo frente al placebo era atribuíble a un efecto real del fármaco o a la presencia de otro tipo de factores que estuvieran sesgando los resultados.

Por este motivo, Kirsch se preguntó si la metodología de doble-ciego, utilizada habitualmente en los ensayos clínicos controlados donde se evalúa la eficacia de los fármacos, estaba sujeta a algún tipo de error. A este respecto, y como inciso, conviene explicar que según el método de "doble-ciego" ni los participantes ni los investigadores o médicos que están administrando el tratamiento, saben quién está recibiendo el psicofármaco (grupo experimental) y quién el placebo (grupo control). Solamente después de haberse registrado (y en algunos casos, analizado) todos los datos, los investigadores conocen qué individuos pertenecen a cada grupo.

Su equipo de investigación descubrió además otro llamativo resultado: todos los fármacos empleados, tanto los antidepresivos (cuya acción radica en aumentar el nivel de serotonina), como aquellos fármacos que producen un efecto contrario (es decir, disminuyen el nivel de serotonina) o los que no tienen ningún efecto sobre este neurotransmisor cerebral producían mejoras en la depresión, es decir, tanto los antidepresivos como la hormona tiroidea sintética, los opiáceos, los sedantes, los estimulantes o los remedios herbales eran eficaces en el tratamiento de la depresión.

La explicación de estos resultados no podía ser atribuíble a un efecto diferencial de la acción de los antidepresivos, sino a alguna otra característica compartida por todas estas sustancias. Tal y como señala Kirsch, esa característica común es que todos estos agentes producen efectos secundarios (boca seca, taquicardias, etc.), lo que sirve de confirmación al paciente de que está recibiendo el "verdadero tratamiento" y no un placebo y, por lo tanto, le hace más propenso a informar de mejorías en sus síntomas de depresión. En otras palabras, el descenso en los niveles de depresión no se puede atribuir tanto al componente químico del fármaco, como al efecto que causa la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando asume que está bajo un tratamiento supuestamente eficaz.

Bajo esta premisa, Kirsch explica de la siguiente manera el hecho de que los antidepresivos parezcan funcionar mejor en los pacientes con depresión severa: en estos casos, al requerirse una mayor dosis de fármaco, los efectos secundarios también son más notables y, por tanto, hacen creer al participante con más seguridad que pertenece al grupo experimental y no al placebo.

Para poner a prueba su hipótesis de que los efectos secundarios estaban sesgando las respuestas de los participantes, Kirsch emprendió una investigación novedosa empleando, en vez de los habituales placebos, lo que se denominanplacebos "activos" (es decir, placebos que producen efectos secundarios), como la atropina, que produce un efecto de boca seca. En los ensayos con atropina como placebo realizados por Kirsch, no se observaron diferencias significativas entre los antidepresivos y el placebo activo, es decir, todos los participantes manifestaron algún efecto secundario de uno u otro tipo y todos informaron del mismo nivel de mejoría. Tampoco se observó una curva dosis-respuesta, es decir, que las dosis más altas no funcionaban mejor que las bajas, lo que pone de manifiesto que es extremadamente poco probable que los antidepresivos estén "funcionando" y sean realmente eficaces. Según Kirsch: "Esto lleva a la conclusión de que la diferencia, relativamente pequeña, observada entre los antidepresivos y los placebos no puede ser un efecto del fármaco real. Por el contrario, podría ser un efecto producido por el hecho de que algunos pacientes han llegado a darse cuenta de que se les administró el "verdadero" tratamiento. Si es así, no hay ningún efecto real atribuible a ninguno de los fármacos antidepresivos. En lugar de comparar placebos con tratamientos, lo que se ha estado comparando en esos estudios doble-ciego han sido placebos normales con placebos extra-fuertes". Para Kirsch, por tanto, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebos, con efectos secundarios más notables.

Su revolucionaria conclusión, en contra de la opinión médica extendida, pone en entredicho la práctica habitual de la psiquiatría. Los psiquiatras que basan su actuación en la administración de fármacos –que son la mayoría- y los pacientes que los consumen, podrían asegurar que saben por su propia experiencia que los antidepresivos funcionan. Sin embargo, tal y como señala Marcia Angell1, en el artículo de revisión de la obra de este investigador: "las anécdotas personales son formas traicioneras de evaluar los tratamientos médicos, ya que están sujetas al sesgo: pueden proporcionar hipótesis a analizar, pero no pueden demostrarlas. Por ello, en la mitad del siglo pasado, se desarrollaron los ensayos clínicos controlados aleatorizados de doble-ciego, que han constituído un importante avance para la ciencia médica. Anécdotas sobre los beneficios de las sanguijuelas o de la sobredosis de vitamina C, o cualquier otro remedio popular, no hubieran podido superar la prueba de un ensayo clínico bien controlado. Kirsch es un defensor fiel del método científico y su voz, por tanto, aporta una objetividad bienvenida a un tema tan a menudo influido por las anécdotas, las emociones o el propio interés".

La robusta línea de investigación de Irving Kirsch pone de manifiesto que, en comparación con el placebo, la eficacia de los fármacos antidepresivos es prácticamente inexistente en los casos de depresión ligera, moderada e incluso grave – evidencia que ha sido avalada también por otros equipos de investigación, como el de Khan (2002) o el de Fournier (2010)-. Es más, tal y como demuestra el trabajo de Irving Kirsch, la eficacia de los antidepresivos (o de los placebos) no se debe a un efecto de su mecanismo de acción sobre el nivel de serotonina, sino al efecto que causa la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando asume que está bajo un tratamiento supuestamente eficaz.

A pesar de esta revolucionaria y esclarecedora conclusión, seguimos inmersos en un modelo de atención en salud mental excesivamente medicalizado. Esta visión biologicista y simplista de la enfermedad mental, que la investigación de Irving Kirsch pone en entredicho (al menos en lo que respecta a la depresión), impide que se tengan en cuenta otros tratamientos alternativos, que sí han demostrado su eficacia (a corto y a largo plazo) y que ponen el acento, no en un supuesto desequilibrio neuroquímico, sino en los aspectos psicológicos y ambientales asociados al trastorno mental. Tal es el caso de la intervención psicológica cognitivo-conductual para la depresión, que ha demostrado ser eficaz para la reducción de la sintomatología depresiva, pero que también presenta otras indudables ventajas frente al tratamiento farmacológico, como son el mantenimiento en el tiempo de los cambios terapéuticos, la disminución de la probabilidad de recaídas futuras y la ausencia de efectos secundarios (DeRubeis et al., 2005, Hollon et al., 2005). La implementación de tratamientos psicológicos para los pacientes con depresión supone, además, un importante ahorro económico respecto al gasto farmacéutico que genera el uso de antidepresivos, tal y como demostró el informe elaborado por Grupo de Política de Salud Mental del Centro de Actuaciones Económicas de la Escuela de Economía de Londres (The Centre for Economic Performance’s Mental Health Policy Group, London School of Economics), titulado The Depression Report, y gracias al cual el gobierno del Reino Unido inició un cambio pionero en la atención de las personas con problemas de ansiedad y depresión, incorporando tratamientos psicológicos basados en la evidencia en los servicios de Atención Primaria.

Por su parte, el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (National Institute for Health and Clinical Excellence, NICE), que marca las directrices para las políticas de salud del Reino Unido basando sus recomendaciones en el análisis de la evidencia científica, indica que la intervención psicológica fundamentada en técnicas cognitivo-conductuales ha de ser el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, y sólo en los casos más severos, se recomienda el uso de fármacos antidepresivos, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual. Según el NICE, el tratamiento psicológico es aconsejable por encima del farmacológico cuando el problema de salud mental que presenta el paciente está complicado por otras condiciones médicas, como abuso de alcohol o drogas, o problemas crónicos de salud física, así como en el caso de niños, adolescentes y mujeres embarazadas, debido al riesgo elevado para la salud que supone el consumo de psicofármacos en estos grupos de pacientes.

El placebo y la psicoterapia son mejores que los antidepresivos para tratar la depresión - Entrevista a Irving Kirsch

Irving Kirsch
Irving Kirsch y su equipo de investigación han sido los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que ha puesto en tela de juicio la eficacia de los antidepresivos y que ha revolucionado la interpretación de los resultados de la literatura científica en depresión, cuestionando seriamente los modelos de enfermedad mental y la práctica médica habitual, basada exclusivamente en la intervención farmacológica para este tipo de pacientes (para más información ver: Irving Kirsch y la caída del mito de los antidepresivos).

Aprovechando su próxima visita a España, Infocop ha realizado, junto con la SEPCyS, una entrevista a este conocido psicólogo, quien reflexiona sobre los últimos hallazgos en este campo y su repercusión en la práctica clínica. La entrevista original, en inglés, puede verse aquí.




ENTREVISTA


Infocop: ¿Qué le llevó a estudiar los antidepresivos y el efecto placebo?

Irving Kirsch: Siendo aún estudiante de grado de psicología, me quedé fascinado al ver cómo las creencias y expectativas de las personas influían en su experiencia. Estaba convencido de que los efectos de auto-confirmación de las expectativas eran centrales para los efectos de la terapia de comportamiento y fui capaz de confirmarlo empíricamente a través de estudios controlados. Entonces comencé a investigar sobre el efecto placebo. Mi primer metaanálisis sobre los antidepresivos tenía como verdadero objetivo investigar el efecto placebo. Al ver los resultados me sorprendió comprobar el poco efecto que tenía el fármaco (por ejemplo, al comparar las diferencias de suministrar un fármaco y un placebo). No fue hasta ese momento que comencé a centrarme en la investigación sobre la eficacia de los antidepresivos.

Infocop: ¿Podría explicarnos en qué consiste el efecto placebo? ¿Cuál es el hallazgo más sorprendente que han encontrado durante estos años de investigación?

I.K.: El efecto placebo es esa parte de respuesta que se produce al suministrar un fármaco (o frente a cualquier otro tipo de intervención médica) que se debe no a su composición química, sino a sus características psicológicas. El hallazgo más sorprendente en la literatura sobre el placebo es nuestro descubrimiento acerca de que los placebos pueden ser eficaces incluso cuando se le señala al paciente que se le está dando un placebo, siempre y cuando la explicación que se le dé acerca de que se le está suministrando un placebo se haga en un entorno terapéutico cálido (ver aquí).

Infocop: Entonces, ¿son los antidepresivos verdaderamente eficaces? ¿Funcionan realmente y hasta qué punto lo hacen?

I.K.: Como mucho, los antidepresivos tienen un efecto significativo sólo para una minoría de los pacientes con depresión a los que se les prescriben fármacos, un 10-15% de los pacientes con depresión mayor. El resto de pacientes, lo mejor que puede hacer es tomar placebos, ya que producen prácticamente la misma mejoría pero evitan los efectos secundarios y los riesgos sobre la salud que producen los antidepresivos.

Infocop: A la luz de los resultados de tus investigaciones, ¿podría decirse que la causa exclusiva de la depresión sea un desequilibrio químico en el cerebro?

I.K.: Hoy por hoy, la teoría sobre el desequilibrio químico en el cerebro está lo más cerca que una teoría puede estar en la ciencia de ser invalidada por la evidencia. Aquí no me estoy únicamente refiriendo a los resultados de mis investigaciones sino a los que han obtenido otros muchos investigadores. Por poner un ejemplo, las personas con depresión mejoran por igual tanto tomando Estimulantes Selectivos de la Recaptación de la Serotonina –ESRS- (fármacos que disminuyen la serotonina en el cerebro) como tomando Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina –ISRS- (fármacos que se supone aumentan el nivel de serotonina).

SEPCyS: Si hay tantas intervenciones diferentes (medicación, placebo, tratamiento psicológico, deporte, comprar una mascota, etc.), ¿no deberíamos, en primer lugar, cuestionarnos la entidad del diagnóstico? Es decir, si hay un trastorno que puede "curarse" con cualquier cosa que tenga credibilidad, ¿no será que lo que estamos haciendo es manejarnos con pseudo-diagnósticos?

I.K.: Los diagnósticos para los trastornos psicológicos se enfrentan, en general, a problemas. La depresión es una "situación" muy seria que puede que ni siquiera sea una enfermedad como tal. Tal vez se trate de una reacción normal frente a circunstancias de la vida o sea una señal de que la persona necesita cambiar aspectos importantes de su vida.

SEPCyS: ¿Podría considerarse la depresión como un comportamiento adaptativo frente al ambiente actual en el que vivimos –el supuesto mundo desarrollado?

I.K.: Si se utiliza como una señal de que algo no va bien, que pueda conducir a la persona a realizar cambios necesarios en su vida, desde luego puede ser adaptativa. Sin embargo, su alta prevalencia también está asociada a factores externos sobre los que las personas pueden tener poco control. Sabemos, por ejemplo, que la depresión está asociada con dificultades económicas y con discriminación. Prevenir la depresión exige cambios sociales y económicos muy amplios, así como intervenciones individuales como la psicoterapia.

Infocop: ¿Qué implicaciones tienen estos hallazgos tanto para la investigación como para la práctica clínica?

I.K.: Los antidepresivos no deberían ser un tratamiento de elección en la depresión. En su lugar, deberían utilizarse en primer lugar tratamientos como el ejercicio físico y la psicoterapia. Si se hace finalmente necesario utilizar antidepresivos, deberían usarse únicamente como último recurso sólo cuando el resto de tratamientos no hayan funcionado. En lo que respecta a la investigación, deberían ponerse fondos a disposición de la investigación para una mejor evaluación de los tratamientos no farmacológicos dirigidos a la depresión.

SEPCyS: Sus investigaciones han creado cierta polémica en diferentes sectores, como la industria farmacéutica o el lobby médico. ¿Qué opina del impacto de sus estudios y de la reacción de la Asociación Americana de Psiquiatría?

En 1998, cuando junto con Guy Sapirstein informamos por primera vez de que la mayor parte de los resultados de los antidepresivos se explica por el efecto placebo, la reacción fue de incredulidad y nuestros resultados fueron ignorados. Resulta gratificante comprobar que cada vez más personas se están tomando estos hallazgos en serio y que están empezando a tener un impacto en la práctica clínica, por lo menos en Reino Unido. Por supuesto, los psiquiatras se resisten a estos resultados; su medio de vida y su quehacer profesional están ligados a la prescripción de medicamentos psicotrópicos, especialmente antidepresivos.

Infocop: En los últimos años, estos resultados han sido replicados por otros investigadores. No obstante, ¿piensa que los resultados han tenido un impacto suficiente en la práctica clínica diaria? ¿Podría explicarlo?

Cambiar la práctica médica es un proceso lento. Los médicos todavía se inclinan rápidamente a prescribir antidepresivos a los pacientes que están ligeramente deprimidos, sin explorar otras vías alternativas. En el Reino Unido, lo siguen haciendo a pesar de que las directrices de tratamiento oficiales indican lo contrario.

SEPCyS: En comparación con el grado de apoyo empírico que se deriva de los estudios sobre antidepresivos, ¿cómo valora la evidencia empírica sobre los tratamientos psicológicos?

A corto plazo, los resultados de la psicoterapia son los mismos que los de los antidepresivos, sin embargo, los resultados a largo plazo de los tratamientos psicológicos son considerablemente mejores. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado que puede reducir el riesgo de recaída durante seis años. Por otro lado, la psicoterapia no conlleva los riesgos para la salud asociados a los antidepresivos, entre ellos la disfunción sexual y el riesgo de mortalidad. Es por este motivo, que los tratamientos psicológicos deben ser el tratamiento de elección. En el caso de que se usasen los fármacos en absoluto, deberían emplearse como último recurso, sólo cuando otros métodos menos invasivos han fallado.

SEPCyS: Teniendo en cuenta el actual contexto de crisis económica, ¿piensa que el modelo de salud mental que impera, basado en la prescripción de medicación desde los servicios de Atención Primaria y las Unidades de Atención Especializada en salud mental es eficaz y sostenible?

Las evaluaciones sobre costes/beneficios ponen en evidencia que proporcionar psicoterapia cognitiva y conductual para la depresión es más barato a largo plazo que recetar fármacos. Esto se debe a que estas terapias son breves – no más de 15 a 20 sesiones, y sus efectos se mantienen en el tiempo -. En contraste, la tasa de recaída es mucho mayor cuando las personas dejan de tomar los antidepresivos. De tal manera que para evitar que los pacientes recaigan se tiene que mantener la medicación durante años. Esto es lo que hace que, a largo plazo, el tratamiento farmacológico resulte más caro que la psicoterapia.

SEPCyS: De acuerdo a estos datos, ¿cuál debería ser el papel del psicólogo en el sistema de salud mental?

Los psicólogos pueden hacer terapia y/o actuar supervisando la provisión de esta terapia por otros profesionales de la salud mental. Este enfoque inicial resulta mucho mejor que la medicación para tratar la depresión.

Infocop: En septiembre, la revista Nature publicó un editorial en el que denuncia que el apoyo y financiación que recibe la investigación en psicología es escandalosamente bajo. A su modo de ver, ¿a qué se debe esta situación?

No existen grandes compañías que puedan sacar provecho de estas investigaciones psicológicas y, por tanto, que estén dispuestas a financiar estos estudios.

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