jueves, 27 de febrero de 2014

Orientaciones para superar una ruptura emocional




Hay pocas cosas que nos hagan sufrir tanto como las rupturas emocionales.  Ya seamos jóvenes o mayores, el desgarro emocional que produce una separación no deseada es uno de los procesos psicológicos más doloroso que podemos llegar a sufrir.

Este dolor es directamente proporcional al apego emocional que le teníamos al amor que perdemos. Y aunque no deseado, ese dolor es parte inevitable de la futura recuperación. Puede resultar paradójico pero no se trata de no sufrir cuando padecemos un desengaño amoroso. Se trata de sufrir bien y lo menos posible. Porque el dolor nadie nos lo va a poder quitar.

Es muy duro abrir el corazón a alguien y que nos lo rompa. Nos destruye por dentro. Aniquila nuestra autoestima. Nos deja indefensos, como desnudos en medio de una plaza concurrida. Y nada ni nadie puede consolarnos de verdad excepto la persona que anhelamos que vuelva. Y ahí es donde está el quid de la cuestión, para que este problema se convierta en un proceso pasajero del cual nos recuperemos e incluso podamos salir más fortalecidos o pase a ser un proceso que se cronifique y pueda horadar nuestro estado emocional a medio y largo plazo.

¿Y cuál es el quid de la cuestión? La respuesta es la relación y contactos que sigamos manteniendo con la persona "amada".  No hay nada más duro que después de rompernos el corazón nuestro ex se distancie de nosotros. Y tratamos de impedir esta separación a toda costa. Nos rebajamos, hacemos cosas inverosímiles para intentar recuperar el contacto. Sin embargo lo que necesitamos es todo lo contrario. Necesitamos poner tierra de por medio. Enfriar la situación y el corazón. Distanciarnos.

Las circunstancias hacen que haya personas que no consigan hacer esto. Siguen "flirteando" con su ex intentado ser "buenos" amigos, con la esperanza inconfesable de poder recuperar la relación en el futuro. Con esta estrategia lo único que se consigue es arruinar nuestro futuro emocional. Si al final no se produce un verdadero distanciamiento físico y comunicativo (móviles, email, etc) no hay curación posible. La herida nunca se acaba de cerrar. Al entrar en dinámicas de acercamientos y contactos constantes, la recuperación se paraliza o en el mejor de los casos se ralentiza mucho. Las personas que siguen manteniendo contactos nos describen su vida como si vivieran en una montaña rusa emocional, en la que hay momentos que tocamos el cielo porque pensamos que aún hay esperanza y que quizás podemos recuperarlo/a, y sin embargo hay otros momentos, los más numerosos, en los que nos sumergimos en la más absoluta miseria porque vemos que no hay solución, que lo hemos perdido y que no hay nada que hacer. Esto es lo verdaderamente peligroso de las rupturas, entrar en la trampa de seguir manteniendo contactos excesivos, que en algunos momentos se producen por la buena fe de la persona que nos deja por no querer vernos sufrir, pero que sin saberlo nos está haciendo un daño terrible que nos debería ahorrar.

No es fácil pero hay que hacerlo. Necesitamos tiempo. Tiempo que nos enfríe y nos cure. ¿Cuánto? Cada persona es un mundo, pero la mayoría necesita como mínimo medio año para recuperarse y empezar a ver la luz al final del túnel. Y desgraciada e inevitablemente, si no hacemos bien las cosas, el dolor se cronifica y tarda mucho en desaparecer si es que alguna vez lo llega a hacer.